Si nos remitimos a la definición de la Real Academia Española, encontramos que la Inteligencia Emocional es: «La capacidad de percibir y controlar los propios sentimientos y saber interpretar los de los demás». Esta definición, a primera vista, implica auto conocimiento, disciplina, observación y empatía, habilidades que muchas veces parecen estar poco desarrolladas en cada uno de nosotros.
En los años 90, el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, popularizó el concepto de Inteligencia Emocional, haciendo referencia a la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos.
Para Goleman, la Inteligencia (o Habilidad) Emocional implica cinco capacidades básicas:
a) Descubrir las emociones y sentimientos propios.
b) Reconocerlos.
c) Manejarlos.
d) Crear una motivación propia.
e) Gestionar las relaciones personales.
Partiendo de lo anterior, la Inteligencia Emocional implica un amplio abanico de habilidades y características de personalidad como: la empatía, la capacidad de adaptación, la comprensión de los sentimientos tanto propios como ajenos, las habilidades sociales, el respeto propio y a los demás, la amabilidad, entre muchas más.
El mundo empresarial se ha sumado a la línea de pensamiento que marca el concepto de Inteligencia Emocional, encontrando una importante herramienta para comprender la productividad laboral de sus colaboradores, los requisitos del liderazgo, así como el éxito y fracaso de las organizaciones.
Las empresas ya no buscan sólo profesionales con un amplio currículum. En la actualidad, se considera más importante que los equipos de personas que las conforman, tengan habilidades resolutivas, sean adaptables, empáticos y seguros de sí mismos, con alta capacidad de motivación y auto motivación y preparados para trabajar en equipo. Lo anterior, por encima de las habilidades técnicas, a las que tradicionalmente se les otorgaba mayor relevancia.
Saber comunicar y escuchar, interpretar la comunicación no verbal, conocer qué necesitan los miembros de tu equipo y cómo motivarlos, son algunas de las habilidades que diferenciarán a un buen líder de un simple jefe.
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